Siguiendo esta misma línea, otro de los conceptos a
mencionar se refiere a lo que se conoce como didáctica, para ello es pertinente
citar a Ana Cecilia Ojeda Avellaneda quien hace un recorrido histórico de esta
palabra. Desde la raíz indoeuropea deik “que
evocaba una especial acción humana: la de mostrar algo, pronunciando palabras
con solemnidad” (Ojeda; 2005; 35), de esta misma manera, nos muestra las
siguientes acepciones de la palabra didáctica hasta la definición del
diccionario del español actual en el
cual se “mantiene el significado con el que se registró por primera vez la
palabra en castellano, es decir: “cosa adecuada o buena para la enseñanza”,
pero además agrega como otra de las acepciones la “parte de la pedagogía que
tiene por objeto el estudio de los métodos de enseñanza” (Seco y Otros,
1999: 1599). Seguido a esto Ana Cecilia Ojeda, añade:
“Como
se puede percibir en el origen de la palabra y sus transformaciones permanece
la idea de “lo que se debe enseñar” (retengamos que el adjetivo “discálico”
está relacionado con la poesía) y se enfatiza en el tono solemne de dicha
enseñanza, es decir, por una parte se pone de relieve aquello que vale la pena
ser enseñado y por la otra, la manera como debe ser enseñado, señalando el tono
de solemnidad con el que debe realizarse la acción de enseñar. (A. Ojeda, 2005:
35,36)
Basado en esto, es
preciso agregar que una buena enseñanza de la literatura se logra en la medida
que el docente por medio de estrategias de trabajo en el aula, motiva y
facilita un conocimiento en miras de aportar al mejoramiento de las
competencias que poseen sus estudiantes, en gran parte, es el docente quien
diseña, planifica y organiza actividades que enriquezcan y perduren en la mente
de estos.

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