Por otra parte, se aborda el
concepto de Literatura Infantil y Juvenil que plantea Juan Cervera (1984),
quien manifiesta que la literatura infantil surge en el siglo XVIII, y se
afianza en el siglo XX, época en la cual algunos escritores se preocuparon por
definir una literatura que había sido excluida de estudios rigurosos. Gracias a
estos estudios, se fue afianzando el concepto de literatura infantil, y a su
vez nacieron múltiples definiciones. Es así que se ha tomado como punto de
partida algunos aportes que abordan la literatura infantil desde una mirada
didáctica, ya que existen muchas definiciones limitadas.
Bajo esos planteamientos, la literatura infantil “son todas las manifestaciones y actividades que tienen como base la palabra,
con finalidad artística o lúdica que interesen al niño” (J. Cervera, 1984:
15) es el puente que permite forjar verdaderos amantes de la lectura y la
escritura, pues esta presenta un lenguaje acorde a la edad y a los
conocimientos que posee el niño. Del mismo modo, Cervera plantea la necesidad
de una crítica literaria infantil por parte de los docentes, en el cual se debe
trabajar de forma diferente con el niño, acercándolo a la literatura por medio
del juego y el placer.
Por su parte, Cervera es partidario que la enseñanza de
la literatura infantil, no debe seguirse haciendo de la forma tradicional, ni
se utilice las obras de literatura para niños con fines lucrativos, pues estas
se deben aprovechar para que el niño o niña se forme en pensamiento crítico y
aporte a su aprendizaje. Cervera llama a
esto instrumentalización de la literatura infantil y expresa:
Al abogar por la presencia de la literatura infantil en la escuela, lo
hacemos pensando primordialmente en la que hemos calificado como literatura ganada
y creada. Sin rechazar plenamente la literatura instrumentalizada,
le oponemos algunos reparos más por el riesgo de identificar sus objetivos
con los de la auténtica literatura infantil que como procedimiento didáctico,
aspecto en el que no es oportuno entrar aquí a fondo. La literatura infantil ha
de ser, sobre todo, respuesta a las necesidades íntimas del niño. Y su acción
se ejerce preferentemente por contacto, aprovechando su potencial lúdico, sin
explicación y sin instrumentalización. (Cervera, 1984: 161)
Pasando a otro referente teórico, tenemos el texto
Literatura infantil y educación literaria, una recopilación de ensayos en el
cual se hace una crítica a la enseñanza
de la literatura infantil y juvenil en la escuela, en este, Antonio Mendoza
Fillola resalta la importancia de trabajar con obras de literatura infantil y
juvenil en educación básica primaria, manifestando que:
“Las razones claves son, por una parte, que la recepción
y la lectura de obras de la LIJ ayudan a construir la competencia literaria, la
competencia lectora y el intertexto lector, aportando e integrando distintos
tipos de conocimientos relacionados con el hecho literario. Y, por otra, que la
obras infantiles y juveniles son creaciones próximas a los intereses y a las
capacidades lectora y receptora de los niños en edad escolar” (MENDOZA, 2005:
38)
Desde esta misma
perspectiva, Mendoza hace énfasis que las obras de literatura infantil son base
fundamental para el proceso formativo del niño, puesto que son a partir de
estas obras que el niño desarrolla el hábito lector y “son obras clave en la mediación de los primeros encuentros del lector
con el sistema semiótico de literatura” (Mendoza, 2005: 38)

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