domingo, 31 de enero de 2016

Aportes desde la literatura infantil y juvenil




 
Por otra parte,  se aborda el concepto de Literatura Infantil y Juvenil que plantea Juan Cervera (1984), quien manifiesta que la literatura infantil surge en el siglo XVIII, y se afianza en el siglo XX, época en la cual algunos escritores se preocuparon por definir una literatura que había sido excluida de estudios rigurosos. Gracias a estos estudios, se fue afianzando el concepto de literatura infantil, y a su vez nacieron múltiples definiciones. Es así que se ha tomado como punto de partida algunos aportes que abordan la literatura infantil desde una mirada didáctica, ya que existen muchas definiciones limitadas.
Bajo esos planteamientos, la literatura infantil “son todas las manifestaciones y actividades que tienen como base la palabra, con finalidad artística o lúdica que interesen al niño” (J. Cervera, 1984: 15) es el puente que permite forjar verdaderos amantes de la lectura y la escritura, pues esta presenta un lenguaje acorde a la edad y a los conocimientos que posee el niño. Del mismo modo, Cervera plantea la necesidad de una crítica literaria infantil por parte de los docentes, en el cual se debe trabajar de forma diferente con el niño, acercándolo a la literatura por medio del juego y el placer.         
Por su parte, Cervera es partidario que la enseñanza de la literatura infantil, no debe seguirse haciendo de la forma tradicional, ni se utilice las obras de literatura para niños con fines lucrativos, pues estas se deben aprovechar para que el niño o niña se forme en pensamiento crítico y aporte a su aprendizaje.  Cervera llama a esto instrumentalización de la literatura infantil y expresa:
Al abogar por la presencia de la literatura infantil en la escuela, lo hacemos pensando primordialmente en la que hemos calificado como literatura ganada y creada. Sin rechazar plenamente la literatura instrumentalizada, le oponemos algunos reparos más por el riesgo de identificar sus objetivos con los de la auténtica literatura infantil que como procedimiento didáctico, aspecto en el que no es oportuno entrar aquí a fondo. La literatura infantil ha de ser, sobre todo, respuesta a las necesidades íntimas del niño. Y su acción se ejerce preferentemente por contacto, aprovechando su potencial lúdico, sin explicación y sin instrumentalización. (Cervera, 1984: 161)

Pasando a otro referente teórico, tenemos el texto Literatura infantil y educación literaria, una recopilación de ensayos en el cual se hace una crítica a la  enseñanza de la literatura infantil y juvenil en la escuela, en este, Antonio Mendoza Fillola resalta la importancia de trabajar con obras de literatura infantil y juvenil en educación básica primaria, manifestando que:
“Las razones claves son, por una parte, que la recepción y la lectura de obras de la LIJ ayudan a construir la competencia literaria, la competencia lectora y el intertexto lector, aportando e integrando distintos tipos de conocimientos relacionados con el hecho literario. Y, por otra, que la obras infantiles y juveniles son creaciones próximas a los intereses y a las capacidades lectora y receptora de los niños en edad escolar” (MENDOZA, 2005: 38)
Desde esta misma perspectiva, Mendoza hace énfasis que las obras de literatura infantil son base fundamental para el proceso formativo del niño, puesto que son a partir de estas obras que el niño desarrolla el hábito lector y “son obras clave en la mediación de los primeros encuentros del lector con el sistema semiótico de literatura” (Mendoza, 2005: 38) 

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